Diseño del nuevo disco de Bloque 53

Bloque53

En alguna ocasión me dijeron que el culismo, en realidad, se trata de un estudio meticuloso del pie. Esto mismo pareció opinar Joaquín, de Bloque 53, cuando me encargó la portada de su nuevo disco “Te hace mover los pies”.

Sea cual sea el fetiche del culismo, quedé encantado de colaborar en este proyecto. Y la música del disco es, de veras, para dejar la silla y echarse a bailar.

Saldrá a la venta en enero.

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Culismo’s Likeunlike project

Culismo's Likeunlike project

Tengo más de mil de éstas (creo que RAE eliminó el acento de ‘éstas’, soy de la vieja escuela). Con el tiempo iré publicando las fotos de mis likes y unlikes. Tal vez te encuentres alguna de estas calcomanías pegadas por ahí…

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Sin telas no hay paraíso

La prenda más coherente para el culismo es la ropa interior. Este concepto, tan evidente una vez obtenido, me iluminó como un gran eureka cuando Marta lo sugirió en medio de la calle. Minutos después, sobre la barra de un bar de Gracia, hicimos los dibujos (Ok, la idea del dibujo también fue de Marta) y me fui eufórico, dispuesto a ponerme en acción a la mañana siguiente. Hacer las braguitas más cómodas del mundo se había convertido en mi nueva ilusión.

Hice un casting de braguitas por varias tiendas. También pedí ir a ver las braguitas favoritas de algunas amigas: “Hola, ¿Puedo pasar por tu casa y ver tus bragas?”. Finalmente llegué al modelo deseado: el string bikini.

Por la ubicación del dibujo, lo ideal era estampar las telas antes de hacer la confección. Además, las braguitas debían tener un tacto delicado por toda su superficie, cosa que temía no poder conseguir con la serigrafía tradicional. Me pasaron el dato de una empresa en Mataró donde se estampan telas, así que me subí a mi moto y anduve los treinta y tantos kilómetros que le separan de Barcelona. Jamás me había imaginado cómo se hace la estampación de telas industriales. Quedé fascinado con lo que vi allí, un almacén repleto de pantallas gigantes con los diseños de numerosos clientes y máquinas enormes, algunas de decenas de metros de longitud, robotizadas para intentar garantizar la homogeneidad del tejido estampado de principio a fin.

Pero mi proceso sería distinto. Mis braguitas no requerían muchos metros de tela y no venía a cuenta hacer pantallas. Mi proceso sería digital: una especie de plotter de más de dos metros de ancho, con inyección de ocho colores que obtienen una gama de colores mucho más diversa que los cian, magenta, amarillo y negro de una impresora de escritorio. El acabado sí se haría en las maquinotas que ya describí.

El que está a cargo de esta parte digital es Albert, un tipo calvo que parece estar siempre apurado, como con algo importantísimo que resolver cada minuto. Me pasó un presupuesto y dos largas semanas después me anunció que al día siguiente estamparía y haría el acabado de mi pedido. Me fui con Claudio, para muchos ‘el Negro’, para con él grabar cada fase del proceso y hacer un making of de mis braguitas. Se nos fue el día entero al Negro y a mi, viendo y grabando con emoción cómo se estampaban mis primeras telas. “¡Pantaletiiiiiicaaaaaas!” Esa noche anuncié en mi twitter: “Habemus telas”.

Al día siguiente me llamó Paco desde el taller de confección para decirme que tenía las telas y que el lunes me tendría hecha una muestra, pero que las telas presentaban un gran problema para confeccionar en serie: “Se encaracola”.

Cuando llegué ese lunes a primera hora me mostraron mi primera braguita, hecha con mucho esmero por Charo, esposa de Paco. Yo estaba contento, mi primera prenda de ropa. Estaba demasiado bonita, era un trabajo de confección delicado, sin duda. Pero tenía un aspecto envejecido, como si la hubieras lavado varias veces. Vimos los cincuenta metros de tela estampados y todos presentaban el mismo aspecto, además del problema del encaracolamiento. Y que los colores estaban algo veteados. Y que había partes manchadas. Así que nos dirigimos de nuevo a la empresa de estampación a buscar solución al problema. Que sí, que lo arreglarían, que estamparían metros de más para compensar las partes veteadas y manchadas, que no había de qué preocuparse. Al salir, el padre de Albert me susurra en tono cómplice: “Esta es una tela vieja que tenía por ahí, la próxima vez usaremos una de mejor calidad”.

Llamé a Albert. Le pedí estampar una nueva tela. Que esa tela no era de óptima calidad sino más bien mediocre, que no estaba bien preparada puesto que se enaracolaba y que el estampado presentaba varios problemas. Me dijo que no habría problema, que reestampar es un momento.

Pasó otra semana. Albert me decía al teléfono que lo estaban solucionando, que no podía decirme nada más de momento. Pasó a no contestar mis llamadas. Unos días después recibo un email. “Ya están las telas con los problemas solucionados”.

Al día siguiente me dirijo por quinta vez a Mataró y veo las telas. Eran las mismas. Intactas. Ni un metro de más para compensar los dañados. Charo, Paco y yo en un triángulo de tensión. Momento de tomar la decisión ejecutiva. Devuelvo la tela y no vuelvo a pedir nada a Albert. Buscaré otro proveedor.

No se hacen las braguitas, de momento. Me siento como Mourinho luego de la paliza que recibió del Barça. Máquinas de primera categoría a su disposición, pero con resultados nefastos.

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¿Qué se estará cosiendo?

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Recién recogí estas etiquetas y no quiero ocultar que estoy emocionadísimo. Por fin tengo algo que tachar de la larga lista que he de completar para, finalmente, abrir la tienda online.

PD: ¡Pronto!

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Culismo antes del culismo

Culismo antes del culismo

Evidencia de culismo antes del culismo. Mira estas dos esculturas de bronce de Eduardo Úrculo, “Culis monumentalibus” (Oviedo, 2001) and “Homage to Santiago Roldán” (Barcelona, 1999).

¡Ya no me siento tan solo!

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