Historia del culismo

Todo surgió inesperadamente tras el encargo del dibujo de una bailarina. En uno de tantos bocetos, comenzando siempre por la zapatilla, el tobillo se abrió demasiado para permitirme continuar hacia el resto de la pierna. Con cierto desdén, resolví cerrar con un círculo y lo que vi me encandiló con su potencial. Inmediatamente me olvidé de la bailarina y me dispuse a explorar los diferentes ángulos de esta nueva forma. Acababa de nacer el culismo.

Haciendo una pausa en mi profesión de animador y diseñador, decidí viajar a España con la idea concreta de desarrollar el culismo. Me inscribí en el Círculo de Bellas Artes para participar en sesiones de dibujo con modelos desnudos y estudiar, en vivo, la anatomía del cuerpo humano. Incorporé huesos y músculos a mis dibujos y así apareció la primera serie de obras con carboncillos.

El color era el siguiente paso a dar, y los acrílicos parecieron ser el medio más adecuado. Realicé mis primeras pinturas aprovechando las influencias de los dibujos animados y tiras cómicas que a lo largo de mi vida me habían acompañado.

Desde entonces, el culismo no ha parado de evolucionar. Artistas como Keith Harring, Pedro León Zapata y Pablo Picasso, entre muchos otros de diversas procedencias, han influido de manera directa sobre mis procesos creativos para el establecimiento de los lenguajes propios que hoy otorgan carácter a mi obra.

El tiempo determinará si el culismo encontrará techo en su desarrollo y si conseguirá dejar huella en la historia del arte contemporáneo. Incluso me pregunto si éste marcará el punto de partida para nuevas tendencias artísticas.